El SEIA, como garantía para la aprobación de proyectos de alto
impacto ambiental, sin evaluación ambiental
Por: M. Paz Villalobos 2011
Para: Borde Costero en Chile ¿Sostenible?
La aprobación de
Hidroaysén, bajo las condiciones en que fue realizada, demuestra una vez mas,
que Chile no sabe administrar sus recursos
naturales, que el nuevo gobierno en realidad, como selecto grupo de
empresarios, no tiene capacidades para administrar un estado, manipulando la Constitución de
Chile y los poderes estatales en favor de sus
intereses privados bajo amenazas públicas infundadas y del todo falsas, como lo
ha sido la campaña del terror o del “apagón”, organizada por el Sr. Piñera y su
administración frente al futuro energético de nuestro país.
Hoy, el patrón de uso de la
legislación ambiental, es el mismo que el usado por las administraciones anteriores,
es decir, la transformación de las decisiones en montos para la compra de
conciencias, la invalidación de la participación ciudadana y la consulta
indígena, la manipulación de los informes técnicos, el intervencionismo
político por conflictos de interés directos y la nula evaluación de impactos
ambientales, entre otros. En torno a los conflictos socio-ambientales que
genera este procedimiento, la respuesta del estado es la que vemos hoy en
televisión, represión masiva, y oídos sordos, resultando en una estrategia
sistemática que logra la aprobación de los proyectos que el pueblo de Chile,
rechaza para su desarrollo. La concertación de partidos por la democracia
trabajó veinte años para esto, perpetuar la herencia de la dictadura en
democracia.
Lo que vivimos con las decisiones
políticas autoritaristas de aprobación de Hidroaysén, Barrancones, Castilla,
Pascua Lama, Celco (Arauco), y otros tantos destacables proyectos de
vulneración de nuestra soberanía como pueblo, no es sino un golpe de estado a nuestra
escasa democracia y la vulneración de nuestros derechos ciudadanos,
garantizados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Convenio 169 sobre Pueblos
Indígenas y Tribales y la Constitución Política del Estado de Chile. Como
profesional del área de las ciencias del mar, he apoyado el proceso de
resistencia que llevan las comunidades mapuche lafkenche del territorio de
Valdivia, en contra del proyecto de Arauco de instalar un ducto de evacuación
de riles al mar de Mehuin. Desde esta experiencia de trabajo hemos conocido en
detalle el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), sus alcances y
sus vicios.
Una vez que el proyecto de Arauco
inició su tramitación al interior del SEIA, utilizamos toda la
“institucionalidad ambiental disponible”, las comunidades buscaron participar
de manera íntegra de acuerdo al Convenio 169 de la OIT, en la evaluación del
proyecto porque existe una duda razonable sobre la efectiva ejecución de los
estudios que presentó Arauco para su evaluación, pero no fueron atendidos por
las autoridades ambientales ni marítimas. Buscaron también, proteger los
derechos consuetudinarios que otorga la ley lafkenche a través de espacios
costeros, pues Arauco solicita concesiones marítimas en un lugar sagrado y
solicitado por comunidades lafkenche, al amparo de esta ley. En el mismo
espacio existen áreas de manejo para la explotación de recursos marinos, razón
por la cual también solicitaron la revisión de la resolución ambiental aprobatoria
pues la concesión solicitada por Arauco, se trazó en medio de un área de
manejo. Las comunidades buscaron también proteger los recursos marinos de la
contaminación pues mas del 40% de los recursos pesqueros de la región, se
reproducen en este lugar. Todos conocemos los desastres ambientales del Golfo
de Arauco, río Mataquito y río Cruces, no existe duda respecto de los
impactos ambientales de este tipo de proyectos.
Sin embargo, cuando hablamos de un
proyecto que atenta irreversiblemente contra la vida y el desarrollo rural de
mas de 500 personas que viven en ese sector; que atenta contra la biodiversidad
y calidad ambiental con la evacuación de 80 toneladas diarias de un caldo de
cultivo altamente tóxico; un proyecto que ha promovido y financiado la
violencia y el quiebre del tejido social de una región completa, vemos hoy,
como ayer, que administrativa, jurídica, técnica y moralmente, en Chile no
tenemos herramientas para discutir sobre impactos ambientales, sobre bienestar
social, desarrollo ni sobre protección al patrimonio sociocultural y ambiental,
sino solo existen herramientas para evaluar impactos económicos y políticos de proyectos
inmorales en un país administrado por personas que no conocen el significado ni
los alcances de la palabra “democracia”.
El SEIA no evalúa impactos ambientales.
Revisa y evalúa si los contenidos de los estudios de Impacto Ambiental (EIA)
presentados, se ajustan o no a la normativa interna. El SEIA no evalúa ni
fiscaliza los protocolos o procedimientos de toma de muestras ni las
metodologías aplicadas para la obtención de los antecedentes que contiene un
EIA, al asumir la buena fé del
titular de un proyecto. El SEIA evalúa medidas económicas compensatorias,
mitigatorias y reparatorias en caso de eventuales
impactos. El SEIA no vincula ni valida la participación ciudadana, la cual se
compone de científicos altamente capacitados, universidades, institutos
técnicos, ONG’s y ciudadanos directamente afectados. El SEIA vulnera los
derechos que tienen los pueblos originarios a ser consultados sobre proyectos
pretendidos sobre sus territorios, a través del D.S. Nº 124/09. El carácter
consultivo de las evaluaciones técnicas en la calificación final y la falta de
personas preparadas técnicamente en la mesa de votación (compuesta por políticos
de confianza del presidente y sus ministros), evidencia por sí mismo, que el
SEIA no vincula las evaluaciones técnicas de los servicios públicos competentes
y por tanto no contiene la capacidad en sí mismo, de predecir y evaluar
impactos ambientales de megaproyectos
industriales. El SEIA no responde a los requerimientos internacionales a los
que Chile se ha suscrito para proteger el patrimonio cultural y ambiental de
este país. EL SEIA en sí mismo es una evidencia de la falta de probidad
administrativa, de la validación de conflictos de interés entre privados, de la
vulneración de nuestros derechos ciudadanos de participación en la toma de decisiones
que nos afectan directamente, de la nula capacidad de las altas autoridades del
estado en cuestiones de carácter técnico, científico, sociocultural,
democrático, ético y moral.
Para nosotros, en Valdivia el análisis de los resultados del
trabajo en la utilización de todos los mecanismos legales disponibles por la
normativa chilena para la evaluación ambiental del proyecto de Arauco, indica
(i) la nula capacidad de este sistema de evaluar técnicamente los impactos
ambientales de este proyecto en particular, (ii) la desvinculación de las
normativas entre sí mismas en los análisis sectoriales, sociales y ambientales
y (iii) la negación de la participación ciudadana efectiva y consulta indígena.
Cambió la legislación, se reformó el SEIA, se crearon instituciones estatales,
un Ministerio, una Secretaría, las comisiones de evaluación disminuyeron sus
participantes… ¿para qué? Para perpetuar las palabras de Frei y Lagos sobre que “el SEIA no fue creado para
rechazar proyectos”, “ningún proyecto industrial será detenido ni rechazado por
consideraciones ambientales”. Entonces, ¿qué tenemos hoy? Esto, una monstruosa
cantidad de proyectos energéticos industriales contaminantes y de alto impacto,
aprobados sin evaluación ambiental ni social, sino solo con la evaluación
económica de los grupos empresariales que con migajas siguen vulnerando
nuestros derechos, y la evaluación política de un conglomerado político débil
en su discurso y su actuar que dejó el camino pavimentado para que sus
patrones, el nuevo conglomerado político, también débil, se siente encima de
nuestros derechos para promover un sistema económico en decadencia a fin de garantizar
el aumento exponencial en el tiempo de sus cuentas bancarias.
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