Cobquecura dice no a las salmoneras,
la
evaluación ambiental del proyecto de salmones de Cultivos Pelícanos: cuando la
omisión, falta y manipulación de información pretenden ser evaluadas como verdades
técnicas de tipo sustentable.
Lcda. María Paz Villalobos
Silva, Bióloga Marina (UACh) 30.09.2018
La empresa Cultivos Pelícanos se
encuentra tramitando 11 proyectos de centros de cultivos contiguos y de iguales
características, resultando evidente el fraccionamiento de un mega proyecto en
pequeños proyectos que son evaluados individualmente y por tanto, los impactos
ambientales o sociales a evaluar, se reducen a cada proyecto individual. Esta
forma de presentar un mega proyecto, impide identificar posibles impactos
ambientales del mega proyecto en sí, es decir de toda el área sumada, que sería
intervenida con 11 centros de cultivo de 18 hectáreas cada uno, dispuestas en
línea a lo largo de la costa a 2000 m de la costa app. Pese a que la empresa
insiste en argumentar que no hay relación entre los distintos proyectos en
evaluación paralela, es imposible ignorar o no visualizar el potencial impacto
ambiental y social que implicaría la instalación de esta industria a lo largo
de cientos de metros de la costa central del país.
El proyecto ubicado en Pullay
pretende instalar 18 hectáreas (180.000 m2) de cultivo de cojinoba, salmones,
choritos y algas, al lado del Santuario de
la Naturaleza Islotes lobería e Iglesia de Piedra de Cobquecura, creado mediante D.S. N° 544 de 1992 del Consejo de
Monumentos Nacionales protege la mayor colonia
de lobos marinos de la zona central del país, con una población de más de 3000
individuos. La interacción entre lobos y balsas jaula es conocida y perjudicial
para el normal desarrollo de la vida de estos mamíferos. La zona es reconocida
como corredor biológico de cetáceos marinos mayores (ballenas dentadas y
barbadas) y menores (lobos, delfines), al ser zona de alimentación, cría y
tránsito de estos mamíferos protegidos por la Ley Nº 20.293/2008. El sector
pretendido por la empresa, es zona de pesca artesanal de miles de pescadores
que se oponen definitivamente a la instalación de esta industria, al no ser
compatible con la mantención de los recursos hidrobiológicos de explotación comercial,
también protegidos por la ley de pesca. El proyecto tampoco es compatible con
el proyecto local de desarrollo turístico.
Estamos frente a un megaproyecto
de por sí polémico, privado para una de las 7 familias que se “adjudicaron” nuestros recursos pesqueros
“por ley”. Este proyecto representa a
una industria vigente que ha participado en innumerables casos de impactos de
público conocimiento, a través de trágicos episodios de contaminación
degenerada, y descontrolada, de destrucción total y/o parcial del equilibrio
bio-físico-químico de la columna de agua, traducido esto en espacios marinos desoxígenenados,
sin posibilidades de albergar la vida; en mortandades masivas de salmones contaminados
con químicos tóxicos que entran al medio; en escapes masivos de animales
foráneos, enfermos o alterados químicamente, que entran al medio; en
alteraciones de la calidad química de la columna de agua que modifican el
medio, resultando en varamientos masivos de recursos pesqueros. Desastres
ambientales sin precedentes e irreversibles en términos ecológicos, con enormes
tragedias humanas detrás de la pérdida de fuentes laborales de subsistencia
como la pesca artesanal y la cadena productiva completa asociada. Estos
impactos descritos, están en los medios de prensa hoy, están bajo investigación
judicial y penal, están bajo investigación técnico-científica y administrativa,
están en las demandas ciudadanas de masivas manifestaciones locales por la
crisis sanitaria, ambiental, social y económica que han surgido a partir de los
distintos “episodios fortuitos” que esta industria ha protagonizado escandalosa
y impunemente.
El proyecto se presentó a través
de una declaración de impacto ambiental, asumiendo un impacto de bajo a cero;
no ingresó como estudio de impacto ambiental; saltándose en otros procesos, la elaboración
de estudios reales de impacto ambiental y la participación ciudadana en el
proceso.
La semana pasada se entregaron
las observaciones de los servicios participantes de la evaluación de este
proyecto. En estas respuestas de carácter público, se observa la resolución
adoptada por las unidades técnica y fiscalizadora, encargadas de la protección
de nuestros recursos pesqueros. Subpesca dice que la declaración es suficiente,
no requiere un EIA y se muestra conforme con el proyecto, al igual que
Sernapesca. Este tipo de respuestas, frente a este tipo de proyectos, en el
contexto nacional de la industria, dejan dos opciones de interpretación externa:
abierta corrupción o desconocimiento total del proyecto evaluado; en ambos
casos la autoridad está incurriendo en una falta de incalculables riesgos
ecológicos de corto, mediano y largo plazo. En Chile no existen salmoneras en
mar abierto, es decir, no hay antecedentes previos ni ajustados a la realidad
oceanográfica local, del rol del protector de los recursos naturales se
esperaría una perspectiva más conservativa y amparada en la precautoriedad
aplicable frente a los posibles riesgos e impactos no evaluados, sobre la
calidad y disposición de los recursos marinos renovables, cuya propiedad es de
todo el pueblo chileno. Cabe señalar que este riesgo no evaluado vulnera la
Constitución Política de Chile, en cuanto a la protección de derechos
ambientales y derechos humanos, al exponer los sistemas ecológicos a una
contaminación no calculada y exponer a la ciudadanía, a vivir en un medio
ambiente contaminado.
La declaración ambiental
representada por Stengel, no contiene toda la información necesaria ni
requerida para la evaluación, subestima a “leve” y “no significativo” todos los
tipos de impactos que evaluó, argumentó impactos sobre recursos renovables
basados en literatura, más que en datos obtenidos desde la realidad local del
sector, no reconoce la presencia de cetáceos mayores en el sector, no responde cabalmente
las preguntas planteadas durante el proceso, razón por la cual no logró
resolver ni subsanar, ni aclarar, ni asegurar, ni evaluar posibles riesgos o
impactos ambientales sobre la calidad de nuestros recursos marinos renovables.
El proyecto presentado por la empresa fue rechazado, tanto por la Seremi de
Medio Ambiente, como por el Servicio de Evaluación Ambiental, precisamente
porque, pese a sobrepasar ya una tercera ronda evaluativa, aún adolece de falta
de información de alta relevancia para poder medir o estimar posibles impactos
ambientales en la costa.
Considerando las condiciones
climáticas adversas que se presentan en la zona, ¿Cómo es posible frente a este escenario, que
los servicios encargados de la protección de nuestros recursos marinos
renovables, se muestren conformes con lo evaluado? toda vez que el proyecto ya
acumula más de 3000 observaciones y no responde a un proyecto de desarrollo
sustentable, pues no implica desarrollo más que para la empresa (no requiere de
fuerza laboral local, con contempla más de 10 puestos de empleo externo) y no
cumple los requisitos técnicos necesarios en su proyección para ser considerado
un sistema de cultivo mixto de tipo sustentable. Se trata de un sistema cultivo
intensivo de altos requerimientos energéticos externos a inyectar al sistema,
que no asegura en lo absoluto, la reducción o reutilización de elementos/deshechos
a ingresar a un ecosistema marino en perfecto estado de equilibrio ambiental. Lo
expuesto en el proyecto muestra una rentabilidad asegurada, pero
definitivamente no da señales de sustentabilidad en la cadena productiva.
La calidad de nuestras costas
depende de un delicado equilibrio ecosistémico que es necesario y urgente,
proteger y mantener sin más alteraciones, ya es suficiente. No podemos
pretender siempre obtener un beneficio personal a costa de un sacrificio ambiental,
definitivo y perjudicial para todos. La expansión salmonera ya fue impuesta
hace cerca de 40 años en el sur de Chile y operó de manera irresponsable e
impune, con los resultados que hoy todos estamos viendo por los medios de
prensa. La nueva amenaza de la expansión salmonera es en sí un insulto a la
soberanía nacional, porque a su paso quedan movimientos en las bolsas del
“mercado”, algunos se han vuelto millonarios y otros aún más, pero en el sur de
Chile ha quedado solo la pérdida de i) la calidad ambiental: de espacios disponibles
para la pesca artesanal; vedas sobre recursos comerciales por contaminación;
cementerios marinos con millones de cadáveres de animales alterados
químicamente, pudriéndose encima de bancos naturales de mariscos, caladeros de
peces y semilleros de recursos naturales; basura metálica y química y espacios
marinos en donde las condiciones no permiten el desarrollo de la vida; ii)
desarrollo local: comunidades empobrecidas y cesantes, con costas contaminadas,
recursos no aptos para el consumo, luego de décadas de sueldos paralizados para
las cadenas laborales basales, sumado a condiciones laborales de alto riesgo, es
decir, el éxito económico exponencial de una industria y la no redistribución
de sus ganancias a lo largo de cerca de 4 décadas. En mi opinión como ciudadana
e investigadora, considero que es suficiente. Este proyecto intenta mostrar una
realidad de impacto cero que la empresa no ha logrado probar y que no logrará
probar porque es mentira. La salmonicultura trae consigo la contaminación, la
muerte, la pérdida de la calidad ambiental de los ecosistemas y la ruina para
la pesca artesanal. Nada más.
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